lunes, 14 de julio de 2014

MODULACIÓN PEDAGÓGICA I


“Antonio siempre ha sido un hombre de rutinas. De levantarse temprano y desayunar leyendo el periódico. De tomar algo con sus colegas al salir de trabajar. Y de vez en cuando ¿por qué no? de darse un capricho e invitar a su mujer a cenar fuera. En uno de esos restaurantes refinados que tanto le gustan a ella. Ah, y las excursiones de fin de semana con los niños, que no falten. Sus risas, sus ganas de explorarlo todo, sus caras de sorpresa, sus porqués… Los pequeños placeres de la vida.
Pero este último mes, todo ha sido diferente. Su rutina ha cambiado. Ya no hay salidas ni cenas. Hay colegio, trabajo y hospital. Hay cansancio. Impotencia. Su mujer, la que cuidaba de él, de la casa y de los niños, sigue ingresada en el centro de neurorrehabilitación. Ahora le toca a él cuidar de ella y de todo lo demás. Su mujer todavía no habla, por lo que a Antonio se le hace muy difícil comunicarse con ella. Eso le parte el alma. Los especialistas ya le avisaron que iba a ser un proceso lento. Pero no estaba preparado para este desgaste.
Afortunadamente su madre le puede echar una mano con los niños. También ha cambiado el mundo para ellos. Así Antonio, a pesar de la reducción de jornada, puede mantener su puesto de trabajo. Porque su nueva situación conlleva unos gastos, adaptar algunas cosas en casa, papeleos… Trámites y más trámites. La última cerveza que compartió con los amigos ha quedado muy atrás en su memoria. La ha cambiado por citas con el médico rehabilitador, la logopeda, el terapeuta ocupacional, la trabajadora social… un montón de profesionales sanitarios a los que no termina de entender. Hoy, por ejemplo, ha quedado con la fisio. Le ha enseñado como sentar bien a su mujer en la silla y algún que otro ejercicio que pueden hacer cada tarde. Dicen que la terapia, como más intensiva mejor. ¡Bufff!. Mientras la fisio se lo explicaba, Antonio asentía y lo entendía, pero una vez en casa ya se le había olvidado como había que poner las manos para mover la cadera. Y un montón de detalles más. Frustración. A veces Antonio se siente torpe. A veces, se las apaña como buenamente puede. A veces, no puede evitar sentirse mal con esta situación. Antonio quiere lo mejor para su mujer. Eso nadie lo duda. Pero a menudo le falta el tiempo. Y los ánimos. ¡La echa tanto de menos!. Tiene cita con la psicóloga del centro una vez a la semana y sí, eso ayuda a sobrellevarlo. Pero tiene tantas, tantas cosas en su cabeza que a veces sólo quiere tranquilidad. Un respiro. A veces, les mandaría a todos a…”

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Los profesionales sanitarios tenemos unas expectativas con los familiares de nuestros pacientes. Queremos que nos entiendan a la primera, que colaboren, a veces hasta que sean coterapeutas, que nos agradezcan nuestro trabajo, el tiempo que pasamos preparando el mejor tratamiento para su familiar… y si no lo hacen les etiquetamos de “NO COLABORADORES”.

¿Es eso lo mejor que podemos ofrecerles?



Una posible respuesta en "Modulación Pedagógica II".



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